La ciudad que desaparecía al anochecer. (Antonio C.)
Había una vez una ciudad lejos de aquí que cuyo nombre ni me acuerdo. Durante el día era la joya del mundo, sus torres se reflejaban con el sol con tal intensidad que los viajeros podían ver el brillo desde los pueblos vecinos.
En aquella ciudad vivían gentes como artistas, políticos, y comerciantes bajo un cielo siempre azul. Sin embargo, la ciudad guardaba un secreto” NO EXISTÍA LA OSCURIDAD”.
En cuanto se marchaba el sol era como si la ciudad se deshacía. Las personas que se quedaban en la ciudad por la noche después contaban que no se sentía el vacío, sino un sueño profundo.
También se contaba que por la noche las horas eran un suspiro. Se levantaban al amanecer sin saber que durante 12 horas la ciudad había desaparecido del mapa. La ciudad fue maldecida por un mago que odiaba a las sombras o por una diosa que quería protegerlos de los horrores que acechaba en la oscuridad.
Un viajero que no creía en los milagros solo en el mecanismo. Decía que la ciudad no desaparecía, simplemente se movía en otra frecuencia que el ojo humano no podía ver en la oscuridad.
Para romper el hechizo no uso la magia sino anclas, minutos antes de marcharse el sol, clavo cuatro estacas de hierro frío y las unió con cadenas bañadas de un material que, según los antiguos,” sujetaban la realidad”.
El viajero se encadenó en una fuente de la plaza para ser el primero para ver el vacío, cuando el sol rozó el horizonte el aire se volvió denso. El sol se ocultó y la ciudad no se desvaneció, pero se transformó en una ciudad de cristal.
El cielo no era azul sino violeta y los ciudadanos flotaban a unos centímetros del suelo, los ciudadanos cuando abrieron los ojos sus pupilas eran blancas, no estaban agradecidos por ser despertados, sino aterrados al no desaparecer.
La ciudad ya no estaba protegida por el tiempo, en apenas unos segundos las torres empezaron a agrietarse y la piel de la gente empezó a envejecer a décadas por minuto. El hechizo no era una prisión era un escudo.
“La ciudad desaparecía para no morir”


